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Mons. José Luis Azuaje en el 127° aniversario de la Consagración al Santísimo: “El caos, el miedo y la destrucción no tienen la última palabra”
En una eucaristía marcada por el recogimiento, la oración y la memoria de las víctimas de los terremotos que sacudieron al país el pasado 24 de junio, Cáritas Venezuela acompañó la celebración del 127° aniversario de la Consagración de Venezuela al Santísimo Sacramento del Altar este 2 de julio. La misa, presidida por el arzobispo de Maracaibo y presidente de Cáritas Venezuela, Mons. José Luis Azuaje, se convirtió en un espacio para elevar las almas ante el «Dios de la vida» y reafirmar el compromiso de la Iglesia con la solidaridad activa en medio de la emergencia.
Durante la homilía, Mons. Azuaje tuvo palabras de especial cercanía para quienes hoy sufren las consecuencias de los sismos, reconociendo el dolor colectivo: «La tierra bajo nuestros pies, ha temblado con una fuerza devastadora, muchísimas otras con la técnica. Como pueblo, hemos visto caídas de habitaciones enteras, hemos sentido el ruido del miedo, sobre todo, caer hasta los huesos, lo más doloroso, el luto por las vidas que se han perdido, y la incertidumbre de quienes lo han perdido todo».
Frente a la desolación que dejan los desastres naturales, Mons. Azuaje invitó a la feligresía y a toda la sociedad a no dejarse vencer por el desespero ni por la mirada fija en las grietas del suelo. Recordando el misterio de la Redención, el presidente de Cáritas Venezuela enfatizó el núcleo de la fe cristiana: «El caos, el miedo, y la destrucción no tienen la última palabra. La última palabra la tiene aquel que en la cruz parecía vencido, pero que al tercer día resucitó. Para decirnos que ni la misma muerte puede cargar su amor, puede hacernos perder la esperanza».
Haciendo un paralelismo con el silencio del Sábado Santo, explicó que el temor es comprensible, pero la fe exige un paso adelante: «El miedo se recupera desde una reacción natural, pero la esperanza es una decisión espiritual. No estamos atrapados en un cañón sin sanidad”.
El valor de la comunidad y el despliegue de Cáritas
Monseñor Azuaje destacó de manera conmovedora cómo el pueblo venezolano ha respondido con una profunda comunión, incluso desde su propia escasez, demostrando que «los terremotos no pudieron derrumbar nuestra fe, nuestra soberanía».
En este contexto, la red de Cáritas y las estructuras parroquiales han asumido un rol fundamental como espacios de acogida, alivio y atención primaria: «La misión hoy más que nunca es ser el bálsamo en el mar. No somos una institución de palabras vacías, sino una madre que sufre con sus hijos. En este primer momento nuestras parroquias, nuestras caritas, nuestra institución se han convertido en lugares de actividad y centro de la Iglesia».
Asimismo, dirigió un mensaje de gratitud y ánimo a todo el voluntariado, personal de salud, organizaciones aliadas e instituciones internacionales que se han movilizado: «Le pedimos que no se cansen de hacer el bien porque su servicio es el testimonio vivo de que Dios no nos ha abandonado».
Hacia el cierre de su mensaje, el presidente de Cáritas Venezuela hizo un llamado enérgico a deponer las dispersiones y a articular esfuerzos conjuntos entre todos los sectores del país —gremios, iglesias, organismos especializados y el Estado— para atender la emergencia humanitaria con una sola mirada.
“Y vamos adelante con la labor humanitaria para que esa paz esté siendo profeta de la esperanza y cuando el mundo vea a Venezuela, no vea solo un país conectado por la naturaleza sino un pueblo unido, solidario y fraterno”, concluyó.