

Lo que vivimos mi pareja y yo el pasado 24 de junio fue algo inaudito, espeluznante y verdaderamente terrorífico. Es de esas experiencias que pensamos que jamás vas a vivir, hasta que la tierra decide sacudirse bajo tus pies.
En este momento nos encontramos en nuestra casa en Orama, cerca del teleférico. Cuando comenzó en temblor, la sensación era indescriptible, era como si estuviéramos parado en medio del agua. Todo se movía violentamente de un lado a otro y resultaba ser imposible dar un solo paso sin perder el equilibrio. Aunque milagrosamente nuestra casa no sufrió daños físicos severos, el terror y la angustia que se sintió esa tarde se nos quedó grabado en la memoria, Nunca en mis años de vida me había tocado enfrentar algo tan espantoso. A pesar del dolor, del miedo y la inmensa incertidumbre que hoy rodea nuestro futuro, dentro de todo esta crisis también hemos encontrado razones de peso para sostener la fe y dar las gracias.