

Apenas llevaba un mes viviendo en Caracas cuando ocurrió el terremoto. casi no conocía a nadie en la ciudad, por lo que vivir ese evento fue un momento de bastante miedo y angustia. Por suerte, el único familiar que tengo aquí es mi tío, y ambos estuvimos bien; además, no sufrimos ningún daño en nuestros bienes materiales. El resto de mi familia vive en Margarita, gracias a Dios estaban a salvo.
Aunque no puedo bajar directamente a buscar personas entre los escombros, siento que estar aquí como voluntario es mi forma de colaborar. Mi trabajo consiste en cargar y descargar camiones todo el día para enviar insumos a los rescatistas y a las personas afectadas. Es una labor pesada e intensa, pero considero que es igual de importante que estar en el sitio del desastre. Saber que estoy ayudando a quienes más lo necesitan es lo que me impulsa a seguir viniendo diario.
Conocer este valor humano y ver la solidaridad de todos me llena de profunda fe y esperanza en lo que viene.