

No tengo palabras para describir lo que vivimos con los dos terremotos consecutivos. Estaba en mi casa con mis hijos y mi familia. A pesar de que nuestra vivienda no se destruyó por completo, fue algo demasiado fuerte y feo. Las calles estaban bloqueadas; al caminar, veías los edificios tapiados con personas atrapadas adentro y no podías hacer nada para ayudarlas. Fue una situación sumamente dura.
Para la gloria de Dios, nosotros estamos vivos y no sufrimos pérdidas humanas en la familia, pero hay muchísima gente afectada. Una persona al lado de nuestra casa quedó atrapada y no podíamos ayudarla. Otros perdieron a sus niños y ni siquiera los han podido encontrar.