

Estaba en un día festivo en casa de un familiar viendo un partido de fútbol cuando sonó la alarma sísmica de los teléfonos. Aunque son momentos difíciles en los que uno llega a bloquearse, al ver a la familia al lado es necesario sacar fuerzas para convertirse en su pilar fundamental y tomar las mejores decisiones.
Acá en Cáritas, tras la emergencia, activamos el protocolo y movilizamos a los equipos diocesanos y parroquiales para servir con tranquilidad a la comunidad.
Junto con el equipo, me desplazo diariamente hacia el estado Vargas y sus zonas afectadas, enfocándonos en llegar a los lugares de difícil acceso. Siento que mi trabajo contribuye al llevar un mensaje de alegría, acompañamiento y esperanza a los hermanos que más lo necesitan.
Admiro la resiliencia de las personas que, aun habiéndolo perdido todo, mantienen la esperanza intacta y la fe en todo momento.